La escena primitiva. Entre realidad y fantasía

 

Por M.C.N


El Aviador (2004), película de Martin Scorsese sobre la excéntrica biografía del megalómano magnate texano Howard Hughes, comienza con una escena algo perturbadora. En medio de una habitación apenas iluminada, está el pequeño Howard, de pie y desnudo dentro de una tinaja. Su madre entra en escena al tiempo que las lámparas de gas que pincelan el salón se hacen algo más intensas. Esto transcurre en la mansión de la familia Hughes en Houston. La bellísima y joven mujer lava el cuerpo de su hijo, como acariciándolo en un acto de amorosa sensualidad. La escena no es siniestra, pero ciertamente es ambigua. Al tiempo que esto ocurre, la madre alecciona a Howard sobre los peligros de los gérmenes, bacterias y enfermedades que amenazan su vida, es por ello que le hace deletrear la palabra cuarentena, con el fin de que incorpore el temor a esa amenaza invisible y fantasma que destruye un cuerpo que lucha por mantenerse sano. Cuarentena es una palabra que quedará inscrita como un friso en la mente del pequeño Howard; y ese momento remoto en que la madre trató de mantener a la muerte a raya, madurará y mutará hasta alcanzar ribetes patológicos para su vida.

citizen-kane_1-20130408-192147-largeEn la canónica Citizen Kane (1941) de Orson Welles, Charles Foster, que a la sazón no habría de tener más de siete años, es vendido por sus padres a un millonario bancario que prometió criarlo al calor de todo cuanto el dinero pudiese entregar. Al momento de la inefable tranza, el niño jugaba en la nieve con un trineo y sin imaginar, como es evidente, el giro que su destino tomaría tras la reunión que se fraguaba al interior de la humilde cabaña. Una vez cerrado el trato, los padres entregan al niño al hombre del maletín del millón de dólares. El pequeño Charles, desconsolado y sin entender la situación, se aferra inútilmente a los brazos de su madre, pronto partirá para no verla nunca más. El trineo quedará enterrado bajo la nieve.

Como lo explica el Diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis, la palabra Urszene (escenas originarias) aparece por vez primera en un manuscrito de Sigmund Freud en 1879, “quién utiliza el concepto para indicar ciertas experiencias infantiles traumatizantes organizadas en guiones, en escenas”. En Historia de una neurosis infantil de 1914, Freud “intenta demostrar que la realidad de la escena originaria es comprendida e interpretada por el niño sólo con posterioridad”. Es posible, por lo tanto, inferir que esas escenas, que en ambas películas representan momentos primitivos de la vida anímica, habrían de configurar la arquitectura psíquica de tan singulares personajes, y cuyo sentido para ellos sólo será revelado (al igual que para nosotros, sus espectadores) en un momento tardío.

Howard Hughes, convertido ya en adulto, productor y director de cine, pionero de la aviación mundial, Casanova y aventurero, experimenta cuadros psicóticos y paranoia. La fobia a los gérmenes, la suciedad y a todo tipo de vida microscópica, había devenido en un trastorno obsesivo compulsivo. En sus faces más críticas, el Playboy de Hollywood se encerraba durante prologados períodos en herméticas habitaciones que lo mantenían aislado (y a salvo) de todo contacto humano. Hacia el final de la película, cuando Howard ha alcanzado la cúspide de su carrera al haber conseguido elevarse por sobre sus pies piloteando su más ambiciosa creación, el avión Hércules, comienza a delirar frente a un espejo, repitiendo hasta el infinito la frase the way of the future, declinando la frase como en una espiral descendente. Mientras ve reflejado su rostro perturbado sobre el cristal insondable, aparece, como un espectro, ese momento ya arcaico en que su madre lo lavaba cariñosamente con jabón de lejía, le enseñaba a deletrear la palabra cuarentena y le advertía sobre la amenaza bacteriológica. “No estás a salvo” (You’re not safe), son las palabras mágicas que salieron de la dulce boca materna, las que Howard incorporó y que terminaron siendo fuente de eterna perturbación. La escena de la madre y su hijo desnudo representa ese momento ancestral y decisivo que fue grabado en la mente del niño, el que no podrá olvidar jamás, porque seguirá ocurriendo durante toda su vida adulta, configurando así una personalidad, un talante y una neurosis.

Por su lado, el moribundo Kane expele su último aliento en su lecho de muerte. Y en ese hilo de aire agonizante que se desprendió de sus labios adormecidos, se escuchó la palabra Rosebud. Esto lo sabemos desde el primer momento de la película, mas lo que desconoceremos durante todo su transcurso es lo que esa palabra significa. Será sólo hacia el final, cuando los investigadores que pesquisaban su biografía para conocer el significado del enigma ya se han dado por vencidos, y cuando las infinitas pertenecías del difunto están siendo incineradas en una gigantesca bodega, es que podremos ligar esa extraña palabra con la inscripción en el trineo con el que jugaba el pequeño Charles el día en que fue separado de los brazos de su madre. En ese pobre trineo de madera, que quedó enterrado en las nieves infames de la infancia, y que ahora arde junto a las demás pertenecías del magnate, se condensó el momento más doloroso, ese momento que quedó en el pasado, pero que sin embargo estuvo presente hasta el momento mismo de su muerte.

En ambas películas la escena originaria dice relación con una fijación materna, pero lo que las aproxima aún más es la estructura circular que hace de la Urszene una reverberación que articula el relato, pero cuyo sentido sólo será revelado al final, como un enigmático acertijo al fin resuelto.

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La respuesta al tipo de preguntas como ¿dónde está el origen de una imagen?, es lo que se conoce como Historia del arte. Es por ello que la frase de E.H. Gombrich, (atribuida a Wolfflin) en relación a que “todos los cuadros le debe más a otros cuadros que a la realidad”, hace plausible pensar que Scorsese tuvo muy presente la película de Welles, de hecho lo más probable es que haya sustituido la palabra Rosebud por la de cuarentena.

El arte, así como el cine, también tienen una historia.



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