Transculturación y Violencia en Latinoamérica: Literatura y Cine

Por Roberto Gómez Bolaños


 

I parte: crónica para unos apuntes de lectura

 

Tertium non datur

1. Cada año cuando comienzo mis clases de filosofía para adolescentes, en una escuela que tiene más de excluidos que de integrados, pongo mucho énfasis en enseñar los principios lógicos básicos (no contradicción, tercero excluido e identidad) con los cuales surge la filosofía griega. En ellas me preocupo particularmente de explicar y ejemplificar el latinazo que encabeza este experimento, ya que en él encuentro se encierra algo más que una pura abstracción cognitiva.

Aunque en los inicios de mi actividad profesional intentaba enfocarme en un análisis teórico, o si se prefiere epistemológico del principio, con el tiempo, éste se fue contaminando, dada la necesidad escolar, de ejemplos que excedían los deslindes lógicos con lo que la explicación se vio fuertemente alterada en un destructivo y/o productivo movimiento de lo abstracto a lo concreto, de Europa a Latinoamérica; transitaba de manera nómade de la filosofía a la antropología, a la historia, a la política, a la psicología, y de aquí, a una discusión que me parece crucial, a la relación que se puede hacer entre el tercero excluido y los criterios de lo qué es normal y lo qué es patológico; en su versión cultural las preguntas que acosaban giraban en torno a los tópicos clásicos: ¿qué es ser civilizado? y ¿qué es ser un bárbaro? ¿Existe un punto intermedio entre estos dos polos? ¿Cuál es nuestro lugar? O al menos ¿entre qué lugares nos movemos? La discusión claramente era dialéctica, aunque no siempre encontraba una salida o lo que el maestro Antonio Candido denominó como, “El Paso del dos al tres”. Esa cuestión me inquietaba, algo de formación marxista tengo –marxiana, para ser más justo y también para no herir sensibilidades; desde mis primeras lecciones de filosofía he sentido una admiración profunda por el pensamiento de Heráclito de Éfeso. Siempre he pensado en formas de alteración, de intercambio, de fusión o de síntesis, sin embargo había veces que eso no era posible, no era posible sortear lo excluido. La contradicción era tal, que no había paso, no había entendimiento ni posibilidad de dialogo.

El tercero excluido es un principio filosófico sobre el cual se funda toda una tradición metafísica esencialista. El planteamiento implícito –la explicitación del principio la formula Aristóteles- lo leemos en el pensamiento de Parménides de Elea y de una u otra manera, lo interpretamos como opuesto al pensamiento dialéctico de su contemporáneo Heráclito. La definición del tercero excluido consiste justamente en la imposibilidad de que una cosa se altere en su contrario o bien que emerja una tercera entidad entre la confrontación de términos contradictorios: no existe un espacio intermedio o un afuera entre el ser y el no-ser.

Una tercera cosa no se da significa que la negación o lo negado es reducida a su pura negatividad; significa que la negación de la negación es improductiva. Lo que es excluido queda reducido, si se me permite la expresión, a nada. En la práctica política del tercero excluido no se da un entre-lugar –como lo plantea Silviano Santiago- o el producto creativo de una síntesis “equilibrada” -al modo de la hibridez de Roberto Fernández Retamar o de la transculturación de Ángel Rama- o bien una tensión conflictiva que mantiene la diversidad en cada uno de los polos opuestos –al modo de Antonio Cornejo Polar. A su manera cada uno de estos autores emprende el trabajo de explorar la posición, más fija en algunos, más fluida en otros, que ocupa la producción literaria a partir de un contexto socio-cultural latinoamericano en constante conflicto de dependencia con los centros metropolitanos europeos. Sin ser una crítica diría que el punto ciego de estos estudiosos autóctonos –y de lo autóctono- radica en encontrar una salida productiva, dialécticamente creativa, a la confrontación entre una cultura colonizadora y otra colonizada, sin prever que en muchos casos los procesos culturales no son particularmente equilibrados o dan forma mecánicamente a nuevas formas neoculturales. En estos procesos también encontramos un fuerte componente de violencia que muchas veces ni siquiera se expresa en dominaciones a-culturadoras, sino que se manifiesta a través de la destrucción y la aniquilación del Otro.

Ilustración de El Río, de Alfredo Gómez Morel

Ilustración de El Río

No deja de ser problemático, al menos para algunos, y me incluyo, comenzar un curso de filosofía para jóvenes residentes en Santiago de Chile e imponerles de entrada un instrumento teórico que se vincula nada menos que con el “arjé” mismo del pensamiento metafísico eurocéntrico, y que digamos, junto al principio de no contradicción y el de identidad, han servido como fundamentos e instrumentos epistemológicos para la dominación material y cultural que ha ejercido occidente sobre sus colonias. En este sentido me he propuesto trabajar con mis alumnos, por supuesto que no del lado de la pura negación, pero si en ese intersticio que deja emerger los discursos de la exclusión en los límites de su desmoronamiento y no desde su cara sintética o sincrética. Nuestro trabajo ha sido buscar material literario y cinematográfico en el que la dialéctica cultural no funciona.[1]

Por ahora estoy reflexionando dispersamente en espacios discursivos literarios y cinematográficos sin un criterio cronológico o geográfico muy específico, aunque sí con un marcado sesgo de margen latinoamericano. Pienso en la “novela” testimonial de Heriberto Frías: Tomochic, también en su versión brasilera: Los Sertones, de Euclides da Cuhna; En Patas de Perro de Carlos Droguett, en parte de la Novela de Bajos Fondos Chilena, como El Río de Alfredo Gómez Morel o El Apuntamiento de Luis Rivano; en el cuento El Matadero de Esteban Echeverría; también en películas como “Ixcanul” dirigida por el guatemalteco Jairo Bustamante; “La Ciénaga”, dirigida por la argentina Lucrecia Martel; “A la sombra del sol” del chileno Silvio Caiozzi; y una que me parece extrañísima, y que no puedo dejar de nombrar, tanto la crónica como su versión cinematográfica: Naufragios, de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, llevada al cine por el mexicano Nicolás Echevarría.

[1] De esos proyectos o “Discursos de la síntesis cultural”, respondiendo a la clasificación que hace Bernardo Subercauseaux et al. en su Modernidad, Modernización, Modernismo y Cultura (2015), me interesa en general el concepto de transculturación que plantea Ángel Rama en su ya clásico libro Transculturación narrativa en América Latina, y particularmente el optimismo que transmite Rama sobre la productividad cultural de las regiones –rurales- y sus potencialidades de neoculturizarse en la horma moderna. Mi interés reside no en ver cómo funciona la categoría de Rama en un objeto cultural que se acomode y empareje a la noción de transculturación, sino que pienso más bien en sus limitaciones y deficiencias.

 

A La Sombra Del Sol, 1974

A La Sombra Del Sol, 1974

 

Etiquetas: , , , , , ,



Los comentarios están cerrados.

YOU MAY LIKE